El agua es la vía por la que la planta absorbe los nutrientes del sustrato, pero recuerda: ¡no solo se alimentan de agua! El clima, la temporada, la cantidad, la frecuencia y la especie son claves para acertar con el riego. Aquí tienes 5 consejos para regar tus plantas de interior de forma efectiva.
1. ¿Qué tipo de agua es mejor para regar plantas de interior?
Sin duda, el agua de lluvia: es natural y gratis. Puedes recogerla tras las lluvias y guardarla para el riego.
Si vives en ciudad y no tienes esa posibilidad, una buena alternativa es dejar reposar el agua del grifo unas horas en un recipiente abierto: el cloro se evapora y, de paso, el agua alcanza la temperatura ambiente. Si tu agua es muy dura y ves depósitos blancos sobre el sustrato o en los bordes de la maceta, puedes alternarla con agua filtrada o embotellada baja en minerales.
2. ¿Cuándo regar las plantas de interior?

Introduce el dedo hasta el nudillo, o un palo, en el sustrato. Si sale seco, toca regar. Si notas humedad, espera unos días. Otras señales de que la planta pide agua son las hojas marchitas, las puntas marrones y el crecimiento lento.
En épocas cálidas, el mejor momento es al atardecer, cuando el sol ya ha caído. Nunca riegues a pleno sol, salvo que veas un ejemplar muy deshidratado, y en ese caso evita mojar el follaje. También puedes regar a primera hora de la mañana, aunque ahí corres el riesgo de que las hojas mojadas no lleguen a secarse y al mediodía el sol genere el temido efecto lupa.
En invierno es preferible regar a media mañana: hacerlo de noche intensifica el frío en el sustrato. Y en general, reduce bastante los riegos durante los meses fríos.
3. Riega con agua templada

La temperatura del agua afecta a las raíces tanto si está demasiado caliente como si está muy fría. Un chorro de agua fría en invierno supone un choque térmico justo donde la planta es más sensible. La mejor opción es regar con agua templada, y basta con llenar la regadera y dejarla dentro de casa un rato antes de usarla.
4. Adapta el riego al tamaño y la especie
No todas las plantas necesitan la misma cantidad de agua. Lo ideal es conocer las necesidades de cada especie y adaptarlas al clima y a su ubicación.
El tamaño también cuenta, y con un matiz que se confunde a menudo: los recipientes grandes admiten más sustrato y retienen más agua, así que necesitan menos frecuencia de riego, pero más cantidad en cada uno. Y como norma general, una planta grande con muchas hojas y tallos consumirá más que una pequeña.
5. Riega según las condiciones ambientales
Es el factor determinante. Las necesidades cambian mucho según dónde vivan tus plantas.
Si estás en un ambiente seco y cálido y tienes plantas tropicales, sube la frecuencia en los meses calurosos y busca mantener una humedad ambiental razonable. Si en cambio tienes cactus y suculentas en una zona de poca luz y temperaturas bajas, reduce los riegos y replantéate la ubicación.
En definitiva, el riego de cada planta es un caso único: depende del clima, del tamaño de la planta y de la maceta, de la especie y del tipo de agua. Experimenta e intenta imitar su hábitat natural, pero con una advertencia que conviene grabarse: las plantas sobreviven a la falta de agua, pero es muy difícil salvarlas de un exceso de riego.
¿Y si me voy unos días?
Para ausencias cortas, los sistemas de autorriego mantienen el sustrato con una humedad estable en lugar de dar toda el agua de golpe. Las burbujas y los tubos de terracota van bien en macetas de interior, y las ollas enterradas aguantan más días en macetas grandes.
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