El ficus es una de las plantas más habituales en casas y jardines: crece con facilidad y se adapta a casi cualquier espacio. Con el tiempo, eso mismo hace que necesite recortes para no desmadrarse. Aquí tienes cuándo podarlo, cómo hacer el corte y qué precaución tomar con su savia, que es la parte que casi nadie cuenta.
Si lo que buscas son sus cuidados generales —luz, riego, sustrato—, los tienes en la guía de cuidados del ficus.
¿Para qué se poda un ficus?
Estas tropicales crecen con energía cuando tienen buena luz y temperatura estable, y con los meses tienden a alargar ramas y perder forma compacta. Hay tres podas distintas, y conviene saber cuál necesitas:
- Poda de mantenimiento: acorta las ramas demasiado largas y devuelve la forma compacta.
- Poda de formación: dirige el crecimiento de plantas jóvenes hacia la silueta que quieres.
- Poda de saneamiento: retira lo seco o dañado. Puede hacerse en cualquier momento del año.
¿Cuándo se poda un ficus?
El mejor momento coincide con el periodo de crecimiento activo: primavera e inicio del verano. Ahí la planta tiene energía de sobra, cicatriza rápido y rebrota con fuerza desde los cortes.
Afinando por tipo de poda: las de formación o reducción conviene reservarlas para la primavera, porque son las que más exigen a la planta. Las de mantenimiento puedes hacerlas a lo largo de toda la temporada de crecimiento. Y las de saneamiento, en cuanto veas una rama seca, sin esperar a nada.
¿Cómo se poda un ficus?
Antes de cortar nada, obsérvalo. El ficus desarrolla un tronco principal con ramas laterales: unas se van hacia arriba y otras hacia dentro. Las que crecen hacia el interior son las primeras que sobran, porque quitan ventilación y tapan la luz a las hojas del centro.
La regla del corte es sencilla: limpio y justo por encima de un nudo o punto de crecimiento. De ahí saldrán los brotes nuevos, así que el sitio donde cortas decide la forma que tendrá la planta dentro de unos meses.
El vigor cambia bastante según dónde viva. En maceta dentro de casa crece más despacio y conviene ir suave, dejando bastante follaje. En exterior o plantado en suelo —típico del Ficus microcarpa— el crecimiento es mucho más fuerte y admite podas más decididas.
Según la especie
- Ficus benjamina: desarrolla muchísimas ramas finas. Lo que necesita es aclarado, retirando ramas interiores para que entre luz al centro de la copa.
- Ficus lyrata: tiende a crecer solo hacia arriba. Recortando la punta ramifica y se le forma copa.
- Ficus microcarpa: el más vigoroso. Tolera podas de reducción para controlar tamaño.
Y las herramientas: tijeras limpias, afiladas y del tamaño adecuado a la rama. Unas tijeras romas desgarran el tejido en vez de cortarlo, y ese desgarro cicatriza mal.
Cuidado con el látex del ficus
Esto es lo que sorprende a quien poda un ficus por primera vez: al cortar suelta una savia blanca y pegajosa. Es látex, característico de la familia de las moráceas, y conviene tomarse tres precauciones.
- Ponte guantes. El látex irrita la piel y, en personas sensibles, puede provocar dermatitis. Evita tocarte los ojos mientras podas.
- Protege el suelo. Mancha, y sobre parqué o tapicería es difícil de quitar. Unos papeles debajo ahorran el disgusto.
- Mascotas fuera. La ASPCA clasifica el Ficus benjamina como tóxico para perros y gatos, precisamente por esa savia. Recoge los recortes en vez de dejarlos por el suelo.
No hace falta aplicar nada en los cortes: el propio látex sella la herida al secarse en unos minutos.
¿Puedo aprovechar lo que he cortado?
Sí. Las ramas sanas sirven para hacer esquejes y multiplicar la planta en casa. Deja que el corte deje de soltar látex, retira las hojas de la parte baja y enraízalo en agua o en sustrato ligero, con calor y luz indirecta.
Podar un ficus no tiene misterio una vez entiendes cómo crece. Con unos cortes bien pensados y en el momento adecuado, lo mantienes equilibrado durante años — y de paso te llevas plantas nuevas.