Si tienes un romero en casa y te preguntas cuándo moverlo de maceta sin que proteste, este artículo te viene de perlas. Vamos a ver cómo y cuándo trasplantarlo sin agobios: con el sustrato adecuado, algo de mimo y el momento oportuno, el romero se adapta sin problemas.
¿Qué hay que tener en cuenta al trasplantar romero?
Lo fundamental no es correr a cambiarlo de maceta, sino entender cómo hacerlo. El romero responde muy bien cuando el proceso se hace con calma, teniendo en cuenta su sensibilidad a los cambios bruscos y a la humedad. Elegir un sustrato aireado, revisar el drenaje y manejar la planta sin sacudidas marca la diferencia entre un romero que se recupera rápido y uno que tarda semanas en volver a crecer.

¿Cómo trasplantar un romero paso a paso?
- Prepara la nueva maceta con buen drenaje y un sustrato ligero: un 70% de sustrato orgánico con un 30% de perlita drena, nutre y mantiene algo de humedad.
- Humedece ligeramente el sustrato original unas horas antes, así el cepellón se soltará sin romper raíces.
- Extrae la planta con suavidad, sujetando la base; si va muy ajustada, pasa un cuchillo fino por el borde.
- Revisa las raíces y retira solo las zonas dañadas o muy húmedas, sin podar de más.
- Coloca el cepellón entero en la nueva maceta sin enterrarlo más de lo que estaba. Una maceta de terracota transpira y, para el romero, es gloria pura: seca antes el sustrato y evita encharcamientos.
- Riega con moderación para asentar la tierra, sin encharcar.
- Sítualo en un lugar luminoso, pero sin sol directo fuerte los primeros días.
¿Cuándo trasplantar un romero?
Su mejor momento es la primavera, cuando las raíces están activas; el inicio del otoño también funciona si las temperaturas son suaves. Evita el invierno (su ritmo baja) y el verano (el calor lo deshidrata rápido). Más allá de la época, observa la planta: si las raíces asoman por los agujeros, si drena fatal o si se estanca, está pidiendo ampliación. En ejemplares jóvenes, cada año; en adultos, cada dos o tres.
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