Si alguna vez has visto un hibisco en flor, seguro que te atraparon sus flores grandes y exóticas (el hibisco amarillo es, de hecho, la flor oficial de Hawái). Pero esta planta no es solo un espectáculo visual: también tiene usos tradicionales y unos cuidados sencillos que la convierten en una compañera ideal. Te contamos qué es, cómo cuidarla y cuáles son sus propiedades y beneficios.
¿Qué es el hibisco?
El hibisco (Hibiscus) es una planta de flores grandes y llamativas presente en muchas culturas del mundo: en Hawái es símbolo de hospitalidad y en Egipto se usa en infusión desde hace siglos por su sabor refrescante. Su nombre viene del griego hibískos, que ya usaba Dioscórides, médico y botánico de la antigua Grecia, para referirse a una planta similar.
¿Cómo se cuida el hibisco?
El hibisco necesita una buena dosis de sol, un riego regular sin encharcar y un sustrato que drene bien. Con esos cuidados florece de forma espectacular en primavera y verano. Para sacarle el máximo, pódalo ligeramente tras la floración, abónalo en los meses cálidos y protégelo del frío extremo.
¿Qué propiedades tiene el hibisco?
Lo más conocido del hibisco es la infusión de sus flores secas (la popular «flor de Jamaica»), muy apreciada por su sabor ácido y refrescante. Tradicionalmente se ha tomado después de las comidas y se le atribuyen propiedades antioxidantes; además, es rico en vitamina C. En cosmética natural, su extracto se emplea por su capacidad para tonificar la piel y cuidar el cabello.
Nota: los usos tradicionales aquí descritos son divulgativos y no sustituyen el consejo de un profesional sanitario.
¿Es tóxico para mascotas?
En general, el hibisco tropical (Hibiscus rosa-sinensis) se considera no tóxico para perros y gatos, aunque en grandes cantidades puede provocarles alguna molestia digestiva. Como con cualquier planta, lo mejor es evitar que la mordisqueen.
También te puede interesar: