Tener hojas amarillas en la dieffenbachia es una señal de que algo no anda bien. Aunque las causas posibles son muchas, uno de los motivos más frecuentes es la clorosis. Te ayudamos a encontrar la mejor solución.
¿Qué cuidados básicos necesita?
Las dieffenbachias son plantas originarias de las selvas tropicales de Sudamérica y se caracterizan por su gran follaje verde matizado con manchitas de color crema amarillento.
- Luz intermedia: el exceso de sol directo hace que se pierdan los dibujos de las hojas.
- Su mayor enemigo es el exceso de agua. Aunque necesita un sustrato con humedad constante, conviene dejar secar la tierra entre riego y riego. Las ollas de autorriego van muy bien en esta planta: dan la humedad justa evitando tanto la escasez como los excesos.
- Buena fertilización natural. Es bastante exigente con el abono: necesita alimento rico en materia orgánica cada 3 semanas, como humus de lombriz o biopellet.
Un aviso importante: la dieffenbachia es una de las plantas de interior más tóxicas. Su savia contiene cristales que irritan la piel y, sobre todo, la boca y la garganta si se mastica, pudiendo causar hinchazón y dolor intenso. Manipúblala con guantes al podarla o trasplantarla y manténla fuera del alcance de niños y mascotas. Ante una ingestión accidental, consulta con un profesional sanitario o con tu veterinario.
¿Por qué amarillean sus hojas?

Como decíamos, su mayor enemigo es el exceso de riego, y suele ser el primer sospechoso ante unas hojas amarillas o unas puntas quemadas. Si al tocar el sustrato lo notas demasiado húmedo, tienes dos soluciones:
- Espacia los riegos y deja secar la tierra.
- Trasplanta la dieffenbachia a una maceta nueva con sustrato fresco.
Otra causa es la falta de nutrientes: al ser tan exigente con la fertilización, si no recibe los minerales que necesita sus hojas amarillean. Para solucionarlo, suma al sustrato una buena proporción de humus sólido, añade un puñado de biopellet y riega cada 15 días con un chorrito de humus líquido.
Por último, las hojas amarillas pueden ser el síntoma visible de una enfermedad bacteriana. Si la planta está en perfectas condiciones (sin excesos de riego ni falta de abonado) y aún así sus hojas inferiores se tornan amarillas y se caen, es un claro síntoma.
En ese caso hay poco que hacer, porque resulta muy difícil de rescatar. Lo mejor es prevenir, así que aconsejamos pulverizar su follaje con un fungicida preventivo como la cola de caballo.
Y si crees que el problema es falta de hierro, usar un corrector de deficiencias es una buena opción; también puedes preparar tus propios remedios caseros para la clorosis.
¡Y recuerda: más vale prevenir que curar!
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