Si estás aquí es porque has visto hojas agujereadas, frutos perforados o pequeñas bolitas negras (excrementos) en tus plantas: señales clásicas de orugas. En este post te contamos de forma concisa qué tipos hay y cómo combatirlas. ¡Toma nota!
¿Qué es una plaga de orugas?
Las mariposas y polillas (lepidópteros) son una amenaza para el huerto y las plantas cuando están en fase de oruga: en esa etapa son grandes devoradoras de hojas y pueden provocar defoliación en pocos días. La señal de alarma son las hojas a medio comer, los frutos perforados y los pequeños excrementos negros.
¿Qué tipos de oruga hay?
Oruga de la col

De color gris verdoso con tres líneas amarillas y manchas negras en el dorso, un aspecto que —junto a su olor desagradable— le sirve para espantar depredadores. Viven en grupo y comen cada vez más conforme crecen, así que detectarlas pronto es clave. De adultas son las típicas mariposas blancas con puntos negros que nidan entre coles, rábanos y nabos.
Plusia (Autographa gamma)

Destaca por su color verde y su curiosa forma de caminar. Suele aparecer a finales de verano o principios de otoño y se mantiene activa de día y de noche, mordisqueando sin pausa toda hoja que encuentra.
Oruga del tomate

De color entre amarillento y verdoso, con una banda verde más oscura. Es común en tomateras (también ataca pimientos, maíz y leguminosas): busca los tomates más jóvenes, penetra en ellos y se alimenta desde el interior, dejando agujeros que aceleran la pudrición.
¿Cómo eliminar las orugas de forma natural?
Como siempre, lo primero es prevenir: observación frecuente, riego y clima adecuados, abonado orgánico de liberación lenta y, sobre todo, biodiversidad (cuantas más especies compatibles, más fuerte el sistema inmune de tus plantas y más bichos beneficiosos). Como preventivos van muy bien la cola de caballo y el purín de ortigas, y limpiar las hojas con aceite de neem (Make Up).
Si ya tienes orugas, el remedio más natural es la captura manual. Para volúmenes mayores, ayúdate de sus depredadores naturales (pájaros, escarabajos, crisópas): instalar un hotel de insectos, bebederos y comederos, y sembrar flores y aromáticas ayuda mucho. La rotación de cultivos evita que vuelvan al año siguiente. Para los casos más extremos, recurre a plaguicidas ecológicos o al jabón potásico.
En definitiva, las orugas no son «malas»: en la naturaleza cumplen un papel importante. Pero mejor lejos de tus plantas. 🙂
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