Las plantas acidófilas necesitan crecer en suelos ácidos para estar bien; no es opcional. Si el pH del suelo no es el adecuado, la planta no absorbe bien los nutrientes, y eso se traduce en hojas amarillas, crecimiento lento o falta de flores. Por eso conviene saber qué plantas son acidófilas y cómo cuidarlas desde el principio.

¿Qué son las plantas acidófilas?
Son especies que necesitan un suelo con pH bajo, normalmente entre 4,5 y 6. En ese rango, la planta puede absorber hierro y otros nutrientes esenciales; si el suelo es demasiado neutro o calcáreo, esos nutrientes quedan bloqueados. En la naturaleza crecen en bosques o zonas húmedas, con suelos ricos en materia orgánica que se mantienen ácidos de forma natural, así que al cultivarlas en casa conviene imitar esas condiciones.
¿Cómo se cuidan las plantas acidófilas?
Los cuidados se centran en dos puntos: el sustrato y el agua. Necesitan tierras específicas para acidófilas, sueltas y con buen drenaje. La materia orgánica (turba rubia, compost de hojas, humus de lombriz) ayuda a mantener el suelo ligeramente ácido y estabiliza el pH con el tiempo, además de mejorar la estructura del sustrato. En el riego, mejor agua de lluvia o reposada, porque el agua muy calcárea sube el pH. Y conviene usar abonos específicos para acidófilas, sin excederse.
¿Qué ejemplos de plantas acidófilas hay?
De exterior, las más habituales son hortensias, camelias, azaleas, rododendros y brezos, comunes en jardines de zonas húmedas; en climas cálidos también la gardenia. De interior, la azalea de interior, ciertos helechos, calatheas y begonias. Aunque todas sean acidófilas, fíjate en la luz, la humedad y la calidad del agua, porque no tienen exactamente las mismas necesidades.
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