En resumen: los cactus (familia Cactaceae) son suculentas americanas con un rasgo exclusivo: las areolas, esas almohadillas afelpadas de las que brotan espinas y flores. Casi todos quieren mucho sol, sustrato muy drenante y muy poca agua, con un reposo invernal casi sin riego. En Pur Plant tienes más de 20 variedades.
Pero no todos viven en el desierto: hay un grupo entero de cactus de selva que se cuidan de forma casi opuesta. Esa es la primera distinción que conviene entender.
Los clásicos con forma de bola, y los más recomendables para empezar. El echinocactus grusonii, conocido como asiento de suegra, es el más icónico: esférico, con costillas marcadas y espinas doradas. La mammillaria forma pequeños cuerpos cubiertos de espinas blancas y suele coronarse con una diadema de flores.
El gymnocalycium es de los más agradecidos y florece con facilidad; lo tienes en versión japan, dark y variegada. Y el melocactus desarrolla al madurar un cefalio, esa especie de gorro lanudo en la punta desde el que emergen sus flores.
Los que crecen en vertical y dan presencia arquitectónica. El cereus forbesii y el cactus columnar aportan altura y líneas limpias; el cleistocactus strausii se cubre de espinas blancas y finas que parecen pelo, de ahí que lo llamen cactus antorcha plateada.
El myrtillocactus o booby cactus tiene un tono azulado muy característico. Todos ellos quieren sol directo y crecen despacio pero de forma constante.
Las opuntias forman segmentos aplanados en forma de raqueta que van encadenandose. La microdasys o cactus conejo es la más conocida: parece suave y aterciopelada, pero cuidado, porque está cubierta de gloquidios, unos pelillos diminutos que se clavan con muchísima facilidad y son muy molestos de sacar. Nunca la toques sin guantes.
La opuntia subulata, en cambio, es cilíndrica y con hojas suculentas visibles en los brotes nuevos.
Este grupo lo cambia todo. Son cactus que no viven en el desierto, sino colgando de los árboles en selvas húmedas de Centroamérica y Brasil. No tienen espinas visibles y, sobre todo, se queman con el sol directo.
Aquí están el cactus de Navidad, que florece justo en invierno; el rhipsalis, de tallos finos y colgantes ideal para estanterías; el epiphyllum anguliger o cactus espina de pescado, con sus tallos en zigzag; y la pitaya (Hylocereus undatus), la que da la fruta del dragón.
Todos ellos piden luz indirecta, más humedad y riegos más frecuentes que un cactus de desierto. Tratarlos como si lo fueran es el error más común.
Para empezar, un globular: echinocactus, mammillaria o gymnocalycium. Para dar altura a un rincón muy soleado, un columnar. Para una estantería con luz indirecta, un rhipsalis o un epiphyllum. Y si tienes mascotas o niños, evita las opuntias por sus gloquidios.
Tienes el detalle de riego, sustrato y reposo invernal en nuestra guía de cuidados de los cactus, y si alguno se pone blando o cambia de color, en la guía de problemas.
Y aquí tienes toda la colección de cactus disponible en Pur Plant.