Podar un laurel parece sencillo, y lo es, pero hacerlo en el momento equivocado o cortando de más te deja un arbusto desgarbado durante toda una temporada. Aquí tienes cuándo se poda un laurel, cómo hacerlo y cuánto puedes cortar sin pasarte.
¿Por qué hay que podar el laurel?
Por tres motivos distintos, y conviene tener claro cuál es el tuyo antes de coger las tijeras:
- Controlar el tamaño. El Laurus nobilis puede pasar de arbusto a árbol de varios metros si nadie lo frena.
- Salud. Retirar ramas secas, rotas o enfermas concentra la energía en la parte sana y mejora la ventilación interior, lo que reduce plagas y hongos.
- Forma. Es la razón por la que el laurel lleva siglos usándose en setos y topiaria: aguanta el recorte como pocas plantas.
Si lo dejas años sin tocar, se vuelve tan denso que la luz no llega al interior, las ramas de dentro se secan y acabas con un arbusto verde por fuera y hueco por dentro.
¿Cuándo se poda un laurel?
El momento ideal es a finales del invierno o principios de la primavera, justo antes de que arranque el crecimiento activo. Así la planta cicatriza rápido y tapa los cortes con brotación nueva en pocas semanas.
Si lo tienes como seto y quieres mantenerlo impecable, puedes darle un segundo repaso ligero a finales de verano, solo de tijera, sin entrar en madera gruesa.
Lo que hay que evitar en cualquier caso son las heladas y el calor extremo. Podar con riesgo de helada expone los cortes frescos al frío, y hacerlo en pleno agosto obliga a la planta a rebrotar en el peor momento del año.
¿Cómo se poda un laurel?

El corte debe ser limpio, en ángulo y con herramienta afilada y desinfectada. Un corte machacado cicatriza mal y es la puerta de entrada de los hongos; unas tijeras sucias trasladan enfermedades de una planta a otra.
A partir de ahí, qué ramas cortas depende de tu objetivo:
- Para reducir tamaño: las ramas largas y vigorosas que sobresalen y rompen la silueta.
- Para sanearlo: todo lo seco, roto o enfermo, cortando siempre por debajo de la zona dañada.
- Para darle forma: recortes ligeros en brotes jóvenes. Eso estimula la ramificación y lo compacta.
Y la regla que evita la mayoría de los desastres: no quites más de un tercio del volumen en una misma poda. El laurel aguanta bien el recorte —incluso rebrota desde madera vieja, que no todas las plantas lo hacen—, pero si lo rapas entero tardará una temporada larga en volver a estar presentable.
¿Y si lo tengo en maceta?
En maceta crece bastante más despacio, así que necesita mucha menos poda: normalmente basta con un repaso anual para mantener la forma y quitar lo seco. Aprovecha ese momento para revisar si se ha quedado sin sitio; el laurel agradece un trasplante cada dos o tres años.
¿Puedo usar las hojas que he cortado?
Sí, y es una de las ventajas de tener un laurel. Recoge las hojas sanas, déjalas secar a la sombra en un sitio aireado durante un par de semanas y guárdalas en un bote hermético. Secas concentran más aroma que frescas, así que tienes laurel de cocina para todo el año.
Cuidado: laurel de cocina y laurel cerezo no son lo mismo
Es una confusión frecuente y conviene señalarla justo aquí, porque se manipulan restos de poda. El laurel de cocina es Laurus nobilis. El laurel cerezo (Prunus laurocerasus), muy usado en setos de jardín, se le parece pero no es comestible: sus hojas y frutos contienen compuestos cianogénicos y son tóxicos.
Si tienes setos de laurel cerezo, no uses sus hojas en la cocina ni dejes los restos de poda al alcance de animales. Y con el Laurus nobilis, un apunte para quien conviva con mascotas: la ASPCA lo clasifica como tóxico para perros, gatos y caballos si se ingiere en cantidad, además de que sus hojas rígidas pueden causar problemas digestivos.
¿Buscas un laurel para empezar?
Lo tienes junto al resto de aromáticas, que comparten con él el gusto por el sol y el poco riego:
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