La lengua de suegra parece indestructible, pero agradece muchísimo un trasplante a tiempo para renovar sustrato, oxigenar raíces y dejar espacio a nuevas hojas. Aunque sea una suculenta resistente, su crecimiento mejora cuando la cambiamos de maceta con cabeza: los rizomas se expanden y las hojas se mantienen erguidas. Aquí tienes la guía sencilla para hacerlo sin miedo.
¿Por qué trasplantar la lengua de suegra?
La Sansevieria crece a partir de rizomas, tallos subterráneos de los que salen raíces y nuevos brotes. Con el tiempo empujan contra las paredes de la maceta hasta deformarla; entonces las hojas pierden firmeza y el cepellón se compacta tanto que el agua apenas circula. Un trasplante permite que los rizomas sigan expandiéndose y renueva el sustrato, evitando la acumulación de sales de los riegos.
¿Cómo trasplantar una lengua de suegra?

La maceta nueva debe ser solo un poco más grande que la anterior. Si eliges terracota, el sustrato secará antes gracias a la transpiración del barro (ideal para una planta que no tolera encharcamientos). Para la mezcla, usa un 60% de sustrato de cactus y suculentas, un 30% de perlita y un 10% de arlita. Saca el cepellón sujetando la base de las hojas, retira solo parte del sustrato viejo para no desestabilizar los rizomas, colócala sin enterrarlos demasiado y da golpecitos al tiesto para asentar el sustrato. Deja pasar unos días antes de regar para que las raíces cicatricen.
¿Cuándo trasplantar una lengua de suegra?
En exterior, el mejor momento es la primavera, cuando suben las temperaturas y la planta activa su crecimiento. En interior tienes más margen, de comienzos de primavera a finales de verano. Observa las señales: raíces saliendo por los orificios, hojas que se inclinan por falta de espacio o un sustrato tan compacto que tarda en secar. Aumenta la maceta solo uno o dos tamaños (2-4 cm) para controlar la humedad.
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